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L’Aubrac es una comarca natural en el sureste francés, que se extiende sobre grandes altiplanos basálticos y viejos volcanes dormidos en la convergencia de las regiones de Aveyron, Cantal y Lozère, a 1.300 metros de altitud. Preciosas tierras alfombradas de praderías, plagadas de flores multicolores en primavera, interrumpidas, aquí y allá, por masas arbóreas de hayas, chopos y abetos, cuyas raíces beben de sus brillantes lagos de origen glacial, de los arroyos y riachuelos que la salpican y de los ríos que la limitan: el Truyère al norte y el Lot al sur. Testigo milenario de la historia, esta naturaleza única conserva un preciado patrimonio arquitectónico en forma de castillos, iglesias y capillas románicas, al amparo de preciosos pueblos medievales e históricas ciudades. Las gentes que lo habitan, sencillas, cultas y hospitalarias, forman una comunidad envidiable que vive con orgullo la pertenencia a parajes tan hermosos y apacibles


Sus características geológicas han procurado también a estas tierras el privilegio de poseer aguas termales en abundancia. Explotadas por sus pobladores desde tiempos inmemoriales han ido pasando el testigo de su benignidad, generación tras generación, hasta llegar al siglo XXI, invariables en sus características y temperaturas, para seguir haciendo alarde de bondades en la media docena de balnearios repartidos por la meseta de L’Aubrac y las regiones que la conforman. Dos de ellos, Caleden y La Chaldette, serán los protagonistas de este viaje.


El basalto y el granito visiblemente erosionado por los hielos que la cubrieron en la era cuaternaria, sustentan y decoran con imponentes presencias la meseta volcánica de L’Aubrac que desde hace siglos mantiene, prácticamente inalterable, la imagen idílica de la que sigue haciendo gala, preservada por un aislamiento positivo que ha protegido con mimo su patrimonio natural y cultural, convirtiéndola en un destino preciadísimo para los amantes de la naturaleza que pueden aventurarse por caminos sinuosos jalonados de una flora excepcional, moteada en primavera de narcisos silvestres, o seguir el sendero llamado de Gran Recorrido tras las huellas del apóstol Santiago en su viaje a Compostela. Unas excursiones que pueden convertirse en auténticas lecciones de botánica si se hacen en compañía del guía franco-español Gonzalo Díaz, un conocedor de excepción de todos y cada uno de los rincones de L’Aubrac.


Desde el aeropuerto de Toulouse, se necesitan cerca de tres horas en coche para adentrarse en las verdes tierras de L’Aubrac, tras un preámbulo de paisajes que en nada desmerecen. Las tres comarcas que participan en este privilegiado trozo de mundo se extienden por el Massif Central, el espacio protegido más grande de Europa, donde se dan cita diez parques naturales regionales entre los que se encuentran los Grands Causses (Aveyron), las Cèvennes (Lozère) y los Volcanes de Auvernia (Cantal).


La fusión de territorios tan excepcionales culmina en el particular paraje de la meseta de L’Aubrac, una naturaleza equilibrada y amable por cuyas grandes praderías campan a sus anchas las trashumantes vacas de “L’Aubrac”, cuya seña de identidad es el ribete negro que rodea sus ojos. Hoy dedicadas a la producción de carne, antiguamente se priorizaba su explotación lechera destinada a la elaboración de queso, llevada a cabo durante el verano en los “burones”, las cabañas de piedra de los pastores que todavía pueden contemplarse en medio de los pastizales, unas medio derruidas y otras adecuadamente rehabilitadas y convertidas en albergues o pequeños restaurantes. La tradición quesera, profundamente arraigada en la zona, ahora se alimenta de leche procedente de una raza de vaca importada de Suiza mucho más productiva.

Las aguas más calientes de Europa

A 82º centígrados mana la fuente de Par en la plaza del Mercado de Chaudes-Aigües, en la región de Cantal, una pequeña villa termal de apenas 1.000 habitantes que alcanza los 3.000 en verano. A través de un total de 32 fuentes y surgencias salen al exterior las aguas hirvientes que le dan nombre tras un largo y profundo recorrido subterráneo. Una vez en el exterior, parte de ellas, debidamente canalizadas, calientan desde hace mucho las casas del casco antiguo y un puñado de vías públicas de esta bella ciudad milenaria cuyo preciado recurso hídrico ya era utilizado por los romanos, aunque fue a partir de la Edad Media cuando se empezó a sacar mayor provecho. Su antigua red de distribución de agua caliente, cuyas primeras canalizaciones se remontan a 1.332, la piscina de piedra datada en 1.617 o el lavadero público de 1.929 con un pilón a 58º C y otro a 45ºC, son algunos de los elementos que rubrican el protagonismo histórico del agua en este rincón francés.


Desde 2009, las aguas termales de uno de los manantiales alimentan el nuevo centro termolúdico Caleden Spa, que ha venido a sustituir al antiguo balneario en funcionamiento desde 1960. En sus modernas instalaciones, las aguas mineromedicinales continúan aliviando, con sus propiedades terapéuticas, reumatismos crónicos y afecciones dermatológicas. Unas aguas bicarbonatadas sódicas, magnésicas y ferruginosas, que son prescritas por los médicos a los pacientes del entorno y a los venidos desde lejos, en tratamientos de 18 días, aplicadas en largos baños de inmersión, duchas submarinas, masajes bajo agua, chorros, duchas localizadas de vapores termales y lodos. Los tratamientos individuales se complementan con una completa piscina dinámica equipada con cascadas, chorros, nado contracorriente y camas de burbujas, además de jacuzzi, sauna, baño turco y sala de relajación. Disponen además de una completa carta de masajes manuales y tratamientos estéticos. En el propio centro se pueden contratar los distintos programas, así como la estancia en los hoteles concertados. Los más mayores se benefician de tratamientos subvencionados que, incluso, pueden incluir el trasporte.


En su Museo Europeo de la Geotermia y el Termalismo se ofrece una visión general del termalismo de la zona (con visita guiada por la Villa), se explica el contexto geológico de la Source du Par y de la gruta donde nace, así como la historia de las aguas termales, los orígenes de la geotermia, sus manifestaciones y sus usos actuales.

Clima y agua, una combinación perfecta

En el corazón de L’Aubrac, en la región de Lozère, con extraordinarias vistas sobre el hermoso valle del río Bès, el centro termal La Chaldette se fusiona magníficamente con la naturaleza circundante gracias al edificio vanguardista diseñado, en 1.994, por el prestigioso arquitecto Jean-Michel Wilmotte.


Aunque se tiene constancia del aprovechamiento de las aguas termales de la zona desde la Edad Media, el documento escrito más antiguo que se conserva data de 1.785 y constata su utilización para lavar las ulceras de los animales heridos y aliviar las fatigas y dolencias crónicas de las personas. El uso regular de la fuente termal comenzó en 1801 y a partir de 1866 empiezan a publicarse los primeros estudios médicos que vendrán a constatar de manera científica lo que la sabiduría popular ya había experimentado de una manera empírica.


A 1.000 metros de altitud, el clima saludable y la pureza de aire del entorno colaboran estrechamente en elevar los efectos salutíferos del agua mineromedicinal de La Chaldette. Clasificada como bicarbonatada sódica, mana a 35 ºC y está especialmente indicada para las dolencias del aparato respiratorio, especialmente en patologías ORL recurrentes y crónicas en la infancia y más concretamente las que tienen un componente alérgico. Tienen también excelentes resultados en las afecciones digestivas y metabólicas y en las curas de ansiedad y estrés mediante la aplicación de técnicas hidrotermales y gracias a la paz y el sosiego que trasmite la naturaleza circundante. Los tratamientos ORL, llevados a cabo bajo rigurosa prescripción facultativa, tienen una duración de 18 días y pueden ser subvencionados por la sanidad pública siempre que se lleven a cabo los trámites pertinentes


Qué visitar

En el pueblo de Laguiole, en Aveyron, se producen los dos productos emblema de la región: el queso y los cuchillos de Laguiole.
La Cooperativa Jeune Montagne recoge la tradición culinaria que se remonta al siglo XII, produciendo el queso Laguiole AOC (Apelación de Origen Controlada) y la “tome”, elemento base del Aligot de L’Aubrac y de otros platos tradicionales, como la Rétortillat. En una cadena de producción, que no se interrumpe mientras no se termine la leche aportada diariamente por 80 productores locales, se elaboran unos 40 quesos diarios que pasan a descansar, entre 4 y 18 meses, en la cava dispuesta para tal fin. Aquí, los quesos más viejos irán cediendo su flora a los más jóvenes en un proceso de maduración continua. Previamente, mediante presión, se ha extraído a cada pieza la petit-lait o “tome”, que una vez seco, salado y envasado, será la materia prima fundamental del Aligot, junto con patata, nata, ajos y sal.
En la Forge de Laguiole se produce una de las cuchillerías más famosas del mundo. En un moderno edificio construido en 1987 bajo las directrices de Philippe Starck, se ha rescatado la fabricación artesanal del Laguiole, la pequeña navaja de bolsillo que había desaparecido y que ahora es objeto de inspiración de creadores y diseñadores que bajo los cánones de la tradición y la calidad producen de manera artesanal una extensa gama de cuchillos tradicionales, muchos de ellos auténticas obras maestras y modelos exclusivos realizados con una gran diversidad de materiales. Uno de sus artesanos más reputados es Virginio Múñoz, de origen español, que ostenta el título de Meilleur Ouvrier de France y de cuyas manos expertas salen piezas únicas de gran valor.


Dónde comer

Gilles Moreau, da nombre a su restaurante gastronómico situado en la villa de Laguiole. Joven autodidacta, practica una cocina francesa muy personal, con guiños internacionales y producto local, que ocupa uno de los primeros puestos en la culinaria de la zona. Cuenta, también, con un hotelito lleno de encanto. Le Buron de L’Aubrac, situado en Saint-Chély-d'Aubrac, hace gala de una cocina tradicional en consonancia con el escenario rústico en que se ubica, aderezado con unas magníficas vistas sobre el entorno. Le Domaine de Carrière, en la localidad de Marvejols en la región de Lozère, funciona bajo las directrices del chef español Ramón Carmona que practica una cocina mediterránea donde el aceite de oliva, las hierbas aromáticas, las legumbres y los pescados tienen un fuerte protagonismo. Michel Bras. Con sus tres estrellas Michelín está considerado uno de los mejores restaurantes del mundo. Situado en la meseta de L’Aubrac, cerca de Laguiole, el Hotel-Restaurante Bras, yergue su estructura de acero y cristal sobre le Puech du Suquet en medio del también espléndido paisaje. Su alta cocina creativa está inspirada en la gastronomía local y se fundamenta en los productos de la zona que conoce a la perfección y de los que saca un provecho sibarita.


Donde dormir

Aux Caprices d’Aubrac. Se encuentra en una pequeña aldea llamada Le Seguis, a unos 15 minutos en coche de Laguiole. Tanto sus estancias comunes, grandes y luminosas, como sus amplias y bonitas habitaciones de moderna decoración, ocupan una casona de piedra rehabilitada con acierto.
La Fontaîne de Grégoire, en el pequeño pueblito de Saint-Urcize, región de Cantal, su particular y acogedora decoración hace de este establecimiento un lugar de parada obligada, sobre todo para los amantes de la pesca con mosca, cuya práctica se puede aprender de la mano del dueño, Fred Remise, experto en estas lides y un anfitrión muy particular que ha convertido sus establecimientos –a pocos metros tiene el hotel restaurante Remise– en punto de encuentro de los personajes más singulares de la gran familia de L’Aubrac.
Le Château de Carrière, precioso conjunto palaciego cuya parte central data del siglo XVII y el resto del XIX, bien conservado y habilitado como hotel, restaurante y hogar de la familia Carmona. Situado en la localidad de Marvejols, en la región de Lozère, conserva intacto su porte aristocrático redecorado por sus jóvenes propietarios bajo una estética ecléctica muy persona


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